sábado, 21 de abril de 2018

PRESENTADO EL LIBRO “CONFLICTIVIDAD SOCIAL Y PATRIMONIO EN LA PROVINCIA DE CIUDAD REAL DURANTE LA II REPUBLICA (1931-1939)”



Ayer viernes, a las 19.30 horas, la Residencia Universitaria Santo Tomás de Villanueva de Ciudad Real, acogió la presentación del libro “Conflictividad social y patrimonio en la provincia de Ciudad Real durante la II República (1931-1939)”, editado por la Biblioteca de Autores Manchegos, de la Diputación Provincial, con el número 209 de su colección General.

El libro, de 390 páginas y bastante material gráfico, estudia la destrucción del patrimonio histórico-artístico durante los primeros meses de la Guerra Civil, en el contexto histórico, ideológico y socio-religioso de todo el periodo republicano, así como las políticas para la protección y divulgación del patrimonio de la provincia por parte de los diversos gobiernos de ese periodo. El autor de la obra, durante la presentación del libro, indicó que se trata de un estudio de la historia del arte, a través de la sociedad en un tiempo que va desde el año 31, cuando comenzó la II República, y hasta el 39, cuando concluye el conflicto armado.

Su autor es doctor en Historia del Arte y la investigación ahora publicada es fruto de un amplio proceso de documentación inédita en archivos y fuentes hemerográficas, abordando las problemáticas sociales derivadas de la aplicación de las leyes que afectaron de una manera u otra a la religiosidad y a la Iglesia católica durante el periodo de la II República.

Esta publicación, como las restantes de la BAM, se distribuye en librerías y a todos los suscriptores.


jueves, 19 de abril de 2018

LA BOTICA


Reproducción deliciosamente sainetera, de la cual forma parte la botica

(Para vosotras, aquellas niñas de larga trenza, que jugabais “a la comba” y “a los colores” en el Prado y teníais novio niño, intrépido y sentimental…)

Junto a ella desembocan calles muy principales. La entonces más comercial arteria de la ciudad es dominada, de punta a cabo, desde el interior, y, en otra dirección, desde la puerta, a través de un arco, la amplitud pueblerina de la cercana y cerrada cuadrangular Plaza Mayor con sus casas uniformadas, rodeada de estrechos soportales –“los portales”- con postes cuadrados, de piedra, enjalbegados, y, al fondo, el Ayuntamiento. El arco pertenecía al Ayuntamiento viejo, y, en segundo término, enmarcaba la decoración deliciosamente sainetera. Enfila la botica, con oportunidad envidiable, una crujía de “los portales”: la preferida como paseo único, al anochecer, durante el largo invierno de La Mancha y aun durante el verano. La vida de la ciudad, al rodar y rodar, monótona, pasa y repasa, se acerca a esta botica que tuvo tertulia vespertina selecta, cortante, constante. Por algo es botica y corrían los primeros años del siglo.

Poco a poco congregábanse don Ceferino, don Joaquín, don Federico, don Eloy, don José María, don Antonio, don Álvaro, don Emilio, don Ángel, don Rafael, don Lorenzo, don Jacobo… Si hacía frío venían con capa de embozos de relucientes terciopelos rojo y verde; con el ritual sombrero hongo; quién con gorra de visera. Cuando el calor apretaba, el sombrero era de paja, rígido,  o exótico “jipi” y flamante chaleco blanco, “de piqué”, con botones nacarados. Siempre, con abotonada bota, bastón de puño de plata, gran cadena de reloj de ostentoso colgante, lentes de oro, asombroso solitario.

En invierno se apiñaban dentro de la botica ante los bien enringlados tarros de cristal blanco, con filos de oro y aguda caperuza, que parecían contemplar, absortos, y oír. En estío, muy ordenadas, con gran compostura, al filo de la acera bien regada, sentadas en sillas negras de rejilla, aquellas caballerosas economías bigotudas y bien barbadas o emperilladas, montaban la guardia fiscal de todo bicho viviente que acertase a pasar por el dilatado campo de observación y no se decidiese a buscar otros apartados derroteros para llegar a la Plaza.

 
La botica de Lamano en la actualidad, centro de tertulia a la que Julián Alonso hace alusión en su articulo
  
Dentro y fuera, en la canícula como en Navidad, temblorosos pasteles de nuevo Concejo se confeccionaban allí. Vaticinábase sobre la crisis ministerial pendiente. Había diputados, senadores, catedráticos, literatos, banqueros, abogados, periodistas… Organizábase un banquete y, con igual destreza, un cartel de toros. Sugeríase un baile o una fiesta en “La Concordia”. Hubo alegría por la llegada de Alfonso XIII y por la toma del Gurugú; duelos por el asesinato de Canalejas, la huelga de Barcelona, la bomba de Morral, y quebrantos por la desdichada reforma de la Plaza, que arruinó arcos, quitó postes, puso feas columnas de hierro y sustituyó el antiguo solado de “los portales” por otro de grises onzas de duro chocolate de cemento. Comentaban la traída de aguas y las obras de reforma de la Catedral y de los jardinillos del Prado. Leíanse las pastorales de los obispos Piñera y Gandásegui. Debatíanse el fallo de un Jurado de Juegos Florales y las conferencias cuaresmales de San Pedro. Las fiestas del Centenario de la Independencia tuvieron sugerencias allí y sugerencias salían de allí para los festejos de Feria. Se elogiaba un soneto de La Tribuna o de El Labriego. Se anunciaba una boda, se hacían chistes, se murmuraba…, se arreglaba el mundo o, cuando menos, la ciudad. Hasta destacaron “comisiones” para presenciar, en las eras de Santa María, como don Jacobo y don José elevaban, sobre la ciudad, su mayor “barrilete”, de chorreante bengala en la cola, en los crepúsculos marceros. Era cocedero, mentidero;  se hacía política y amistad; se pasaba revista al transeúnte y se daban sombrerazos ceremoniosos. Era la botica como el sombrero de copa de un prestidigitador. Era una encantadora tertulia de novela galdosiana.

Percibíanse, al cabo, síntomas de desbandada: decrecía el trajín de “los portales”; retornaba acompañada de su hija casadera, la señora que buscó, de comercio en comercio, un ovillo de hilo que no necesitaba, ni quiso encontrar; terminó la novena en los Jesuítas; pasó la Sierva de María con prisa de pasar  la noche en vela; volvía el hijo de don Vicente de platicar en la reja o se escurría, desapercibido, a no santa y apartada cita; dos clérigos, al retirarse, cruzaban y saludaban; languidecía la luz del farolillo de aceite en pinceladas verdes, rojas, azules, amarillas, sobre el lienzo de la Inmaculada y las cartelas en su alabanza; borró la noche los relejes de verdín pintados en la pared por el agua de la canal rota; en “los portales”, ya casi desiertos, culebrea, de pared a postes, un borracho…

Se despueblan la Plaza y las calles. Queda vacía la botica. Dentro de poco la ciudad duerme sosegada, boca arriba, en cruz –de la Cruz de los Casados a la Puerta de Toledo; de los Terreros al arco del Carmen-. Su cabeza, sus pies, sus manos, descansan en vides, olivos, huertas, eras, escarcha, y –“¡Ave María Purísima, las dos y nublao!- un sereno le canta la Nana. Mañana, ¡otra vez a empezar!


¡Vida vieja de mi tierra! Así discurría cuando el bigotudo y embarbado caballero de la tertulia tenía una niña de larga trenza rubia, con lazo en la punta; cuando la mano, incipientemente varonil de un niño, con pujos de novio intrépido y sentimental, se quemó una noche, en “los portales” de la Plaza, con el primer pitillo petulante, al coger, a escondidas, la carta rosa dada, con sofoco, por su primera novia, linda niña de larga trenza rubia, con lazo en la punta –siempre acompañada de la criada de confianza-, que bordaba una papelera de raso “marrón”, con hilo de seda matizada, en un colegio distinguido de apartada calle de Ciudad Real…

Años después. Pasó la guerra del catorce. La barra del bar mató las tertulias. No hay bigotes, ni barbas, ni alfileres de corbata. ¿Hay algún sombrero hongo por el mundo? El bastón es artefacto montañero o prehistórico. Los novios, solos, van del brazo al cine o a lo más obscuro del Parque. La radio, las gafas ahumadas de brutales armaduras…, el fútbol… ¿Es peor, es mejor la vida de hoy? Es, sencillamente, ¡la vida de hoy!

En el centro de un sentimental museo de añoranzas, sobre el tablero de mármol blanco de una consola de caoba, de patas zambas y talladas, bajo u fanal, debería guardarse un tarro de botica –de aquella botica- de cristal blanco con ribetes de oro y agudamente encaperuzado. Dentro, en lugar de digital o nuez moscada, nombres, fechas, estas fotografías, una oración, una barra de cosméstico, barbas de vario color y catadura –rizosas, lacias, sedosas, indómitas-, puros de rancias marcas, pitillos, una boquilla de ámbar con anillo de oro y un alfiler de corbata…, y una píldora rebozada en polvos de licopodio,  y un papelillo, y un sello de quinina, y una pastilla de goma gordita y escarchada… Sobre el nombre raro de la planta medicinal, pegadas con obleas añejas, anaranjadas, de la papelería de Bermúdez -¡castizo y desaparecido comercio!-, un letrero que dijera: “Cenizas venerables de la Historia de Ciudad Real. 1900 a…”

El adormecedor aroma del espíritu del pasado se haría más penetrante cada vez que, en silencio respetuoso,  se parara, hoy, ante ese monumento, el deportivo hijo de la, ayer, linda niña de larga trenza rubia, hija del, en mil novecientos…, bien barbado correcto tertuliano de la botica de…

Julián Alonso Rodríguez. Revista “Albores de Espíritu”, Año III, Tomelloso, septiembre de 1948, núm. 23.


miércoles, 18 de abril de 2018

CALLE MARÍA CRISTINA, ANTES MERCADO NUEVO (II)



Y llegamos al número 10, en el que estuvo muchos años la farmacia del licenciado don Rafael Lamano. Por aquel entonces -estamos refiriéndonos 10 y 20 sobre poco más o menos- había solamente cinco o seis despachos de la especialidad farmacéutica en la capital, alguno de ellos en la misma calle, que entonces no se había legislado todavía sobre la separación que debía existir entre una y otra farmacia, no sólo para evitar la competencia sino en beneficio del propio público.


La botica de Lamano, como se la siguió conociendo no pocos años después de que fuera traspasada al licenciado don Evaristo Martín Freire, pues ya es sabido lo difícil que resulta al público acostumbrarse a un cambio de nombre o denominación, era famosa por la tertulia que se mantuvo en su rebotica durante bastante tiempo y que estaba integrada por personalidades de la capital: el general Aguilera, en sus repetidas visitas a liudad Real, siempre pasaba buenos ratos en la concurrida tertulia. No faltaban a ella los hermanos Pérez Molina; don Lorenzo, don José y el que más tiempo sobrevivió, don Miguel, alcalde que fue de la capital en los años 1912-13, senador del Reino y comendador de la Orden de Alfonso XII, distinción muy merecida por cierto, dada su gran labor educacional como fundador y director de la Academia General de Enseñanza, en la calle de Caballeros, donde hoy se halla el Museo Provincial. Concurrían también a la tertulia don Francisco del Aguila, presidente de la Audiencia, y don Diego Carrión, que lo fue años después; don Gabriel de la Escosura, fiscal de la Audiencia, de probado prestigio en el cargo; don Joaquín Menchero, hombre muy popular en el mundo taurino por su gran amistad con el diestro "Joselito", y a quien se le conocía en Madrid por "El Alfombrista", ya que tenía un establecimiento de venta de alfombras en la Carrera de San Jerónimo, era punto fuerte en la tertulia siempre que se hallaba en Ciudad Real, donde adquirió también gran popularidad como hermano mayor de la Cofradía del Santo Sepulcro pues con los beneficios del festival que toreara el malogrado diestro de Gelves, se adquirió un gran farol que había de llevar entre cuatro hombres en la procesión del Santo Entierro, en la tarde del Viernes Santo, aparte traer de la guardarropía del Teatro Real, trajes de soldados romanos en gran número, que eran vestidos por artilleros del Regimiento aquí de guarnición. Todavía pueden verse en una película de la Semana Santa rodada en los años veinte.


Otros contertulios eran el abogado don Julián Arredondo, prestigioso y elegante, que tuvo a su cargo la difícil defensa de los encartados y tristemente célebres Borgueta, Cañamón, Bolaños y "El Portugués"; don José Gerez Carrascosa, bondadoso catedrático de matemáticas en el Instituto de la calle de Caballeros; don Rafael Cárdenas del Pozo, secretario de la Diputación y senador del Reino; don Jesús Muñoz, interventor de la citada Corporación; don José Maria Rueda, don Félix García Ibarrola, don José Antonio Sauco -tradición seguida luego por su hijo en años mucho más recientes-, don Delfino Colorado, corredor de Comercio; don Alvaro Muñoz y el cura Cañizares, como se conocía a don Lorenzo, que fue muchos años profesor del Seminario, y como beneficiado de la Santa Iglesia Priora], sacristán mayor y maestro de ceremonias.


La "compañía de morteros" de esta famosa botica se hallaba en esas fechas a cargo del joven y simpático Rafael Mateo, fallecido en los años setenta, y que era gran aficionado a la fiesta nacional y entusiasta defensor de los fenómenos del día frente al clasicismo de las llamadas figuras. Para terminar esta amplia referencia a la pequeña historia local, reproducimos un verso breve cuyo autor fue muy popular en la materia, referido a la mencionada tertulia:

La botica de Lamano
gran centro de reunión,
donde se cortan los trajes
de toda la población.


Era natural que con tan nutrida concurrencia se hablara de lo divino y de lo humano y que cualquier suceso de la más varia índole, sobre todo político, fuera ampliamente comentado, como después sucediera en las tertulias del desaparecido Casino de la calle de Caballeros y ahora en las de determinados bares y pub, sin que queramos señalar.

En la casa siguiente, esquina ya a la calle de Calatrava, tenía el estanco Ramón Maldonado, muchos años allí establecido, como muchas eran las marcas de libritos de papel de fumar, pues por aquel entonces no existía casi el cigarrillo liado. Recordamos las de "El Cazador", "La Alegría", "El Corsé", "Bambú", "Abadie", "Indio Rosa", "Jeán" y más tarde la marca "Smoking", que aún subsiste. También en este estanco, aunque no había mucho espacio para ello, había varios contertulios. Y terminaba la calle en la acera de los pares con la popular y acreditada ferretería de Eduardo Salas, que traspasó más tarde a la Vda. de Marino Fernández Bravo.


Citada ya la farmacia de Calatayud en la acera de los impares, empezamos por el número 3, donde estuvo instalado un salón de limpiabotas de los hermanos Díaz, uno de ellos fallecido por el año 1969 y que fue muchos años conductor de la Empresa AISA. Estos hermanos eran hijos de Martín, conocido zapatero por entonces, que murió víctima de accidente de automóvil en el puente de Santa María, sobre el río Guadiana, en la carretera de Picón, con otros ocupantes del vehículo.



Seguidamente se hallaba la guarnicionería de Contado y la corsetería de "El Catalán", así como varios años se trasladó allí "El Capricho", mientras duraron las obras de construcción del actual edificio número 8, en la misma calle. Otros establecimientos fueron los de confecciones para señora de Juan Manuel Segura, la droguería de Ignacio Navarrete, en los últimos años de la década de los veinte, la zapatería de Aniceto Claros y hoy el moderno establecimiento Casa Navarrete, dedicado a óptica, discos, electrodomésticos, etc., propiedad del hijo mayor de Ignacio, Juan. Muchos años estuvo también en dicho edificio el establecimiento de Calzados Serrano, hoy Calzados "El Brillante", y la sombrerería del almagreño Cañizares, hoy de Sánchez Pastor.


Finalizamos la calle con la Farmacia Moderna, de la que es titular don Ángel López Pérez, y que fue fundada por su padre, don Contado, una de las más populares desde hace muchos años entre los adquirentes en el despacho de las recetas médicas, que por aquellos años hacían trabajar de firme a los boticarios y a sus ayudantes. Precisamente el recién citado Ignacio Navarrete lo fue muchos años de la farmacia de don Contado, hasta que se estableció.

Cecilio López Pastor. Pequeña historia local: Ciudad Real, Medio siglo de su comercio. Ciudad Real 1986


martes, 17 de abril de 2018

CALLE MARÍA CRISTINA, ANTES MERCADO NUEVO (I)



La antigua calle de Mercado Nuevo es una de las que da acceso a la Plaza Mayor. Su nombre actual es de María Cristina, en recuerdo de la Reina de España, y con cuyo nombre se rotuló allá por los años veinte hasta nuestros días, con la sola excepción del período de República y guerra civil -1931-39-, en que volvió a tener el antiguo de Mercado Nuevo. Es esta corta calle una de las de mayor tránsito de peatones y vehículos de Ciudad Real, pero sobre todo de los primeros, pues no en balde han de pasar por ella quienes acceden a la Plaza procedentes de las calles de la Cruz, Calatrava y Toledo, que como se ve constituyen una buena parte de la ciudad. Por esta razón la calle de Mercado Nuevo o de María Cristina ha sido siempre eminentemente comercial.


Iniciamos el recorrido por el número 2, acera de la derecha saliendo de la Plaza. Recordamos en este primer inmueble la acreditada confitería "La Deliciosa", que era propiedad de los hermanos Bermúdez. Cayetano, hombre serio y circunspecto, se hallaba al frente del establecimiento, en el que tuvo muchos años como dependiente a Lorenzo García, a quien sus amigos llamaban cariñosamente “El Díptero”. El otro hermano, José, más conocido por Pepe "El Guapo", por su gran prestancia, estaba a cargo del obrador, en la calle del Cardenal Monescillo, frente al callejón del Huerto. Todas sus especialidades de confitería gozaban de fama por su extraordinaria calidad, pero destacaban principalmente los tocinillos, las capuchinas y los merengues, que se podían adquirir, estos últimos, por un patacón, o sea una moneda de diez céntimos de cobre, a la que se decía también un "perro", como a los cinco céntimos se le llamaba una "perrilla". Famosas eran también sus tartas o tortadas, de rico bizcocho y merengue como adorno, que se utilizaban mucho en las bodas y onomásticas. Sucesores de Cayetano Bermúdez -Pepe había muerto años antes- fueron sus dependientes Ángel González y Urcisino Lorenzo, quienes después de buen número de años traspasaron a su vez el establecimiento a su actual propietario Antonio Moreno Cid-Garrido, que ampliar el negocio con otras tiendas y un gran obrador.


En el número siguiente, el 4, nos encontramos en la actualidad con la "Perfumería Juanito", propiedad del popular Hermenegildo García, hombre de gran simpatía con las señoras y jóvenes. Este veterano comerciante, uno de los más antiguos de la capital, tuvo en su juventud gran afición por el ciclismo, en unión de otro joven muy popular igualmente en los años diez y veinte, Luis Bermejo, con quien solía organizar viajes en bicicleta, que entonces hacía furor entre la juventud. Pero la afición principal de "Juanito", como se le conoce por muchos al amigo Hermenegildo, ha sido la caza, en la que ha conseguido notables éxitos frente a las mejores escopetas. El primitivo dueño del establecimiento fue Saturío, luego Casa Genaro y posteriormente su viuda, hasta llegar al actual. En tiempos existió en dicho inmueble un heradero, por ser casa de labor que perteneció a doña Joaquina Ochotorena, dama que viviera muchos años en la calle de Calatrava y que emparentó con don Saturnino Sánchez Izquierdo.


En la misma finca estuvo muchos años la camisería de Próspero Pavón y también la acreditada Casa Ruiz Morote, de librería, papelería, óptica, etc., que aún sigue abierta al público, y que anteriormente estuvo en el número 4 de la calle de Calatrava, siendo conocida por doña Casimira, que atendía personalmente el negocio. Por los años veinte ocupaba estos locales de la calle de María Cristina el establecimiento de tejidos de Pepe Calero, que fue saqueado en la revuelta del año 1920, y con posterioridad lo tuvo Emiliano Casajús.


Pasada la calle de la Cruz, en el otro tramo de la misma acera, estuvo muchos años el establecimiento de comestibles "La Bola de Oro", propiedad de Ernesto Ruiz Sánchez, traspasado luego a Calzados "La Alicantina" y más tarde a Sastrería "Madrid", y en la misma esquina donde ahora se halla el acreditado "Tinte Madrid", propiedad del conocido industrial Virginio Herrera, estaba la papelería-librería de Pedrero, que vendía toda clase de artículos, sin que faltasen las bolas de cristal, que costaban diez céntimos. Luego se estableció allí la administración de Loteria núm. l, única por aquel entonces en Ciudad Real, propiedad de don Alberto Ruiz, de Fernancaballero, y que regentaba la popular Sofía López, gruesa y simpática a carta cabal.

Llegamos a la casa número 8, en la actualidad con cuatro plantas, tras demolerse el antiguo inmueble por los años veintitantos, a últimos de la década. Pero cuando solo tenía bajo y principal, como buen número de ellos, en los años 14 ó 15, en plena guerra europea, estaban allí establecidos los Almacenes de Policarpo Núñez, en donde se vendían, aparte muchísimos otros artículos, caramelos que tenían envueltas con alusiones a la guerra del 14, con figuras de los jefes de Estado, mariscales y generales y diversas y grandes figuras políticas de la época. Posteriormente sucedieron a los Almacenes Núñez los Almacenes "El Capricho", donde había de todo lo relacionado con la mercería en gran escala y cuyos dueños y fundadores fueron don Joaquín Rico y don Amando AIcantud, comanditados por una gran firma de Albacete, de cuya provincia eran naturales.


En el piso principal, en la segunda década del siglo, estuvo instalada la Redacción y Administración del diario "El Pueblo Manchego", que posteriormente se trasladaron a la calle de Calatrava. Lo dirigía por aquel entonces don Benito Valencia, siendo su sucesor don Francisco Herencia Mohino, joven y notable abogado que contrajo matrimonio poco después con una distinguida dama ciudarrealeña de la familia Oliva, y que luego fue muchos años director de la sucursal del Banco Español de Crédito, y alcalde de Ciudad Real en 1925. En otra vivienda del mismo piso principal tenía el taller de sastrería Jonás Sánchez, sargento de Artillería y acreditado maestro especializado en uniformes militares y muy principalmente en vestir a los cuotas, como se llamaba a los soldados que voluntariamente pagaban a la Hacienda una determinada cantidad de dinero a cambio de que fuera más breve su servicio militar. En la actualidad ocupan los bajos comerciales de este edificio los Almacenes Peñalta y el establecimiento Radioga, ambos muy surtidos en sus respectivas especialidades.

Cecilio López Pastor. Pequeña historia local: Ciudad Real, Medio siglo de su comercio. Ciudad Real 1986


lunes, 16 de abril de 2018

CALLE MARÍA CRISTINA


El 6 de marzo de 1929, la antigua calle “Mercado Nuevo” paso a llamarse “María Cristina”. La fotografía recoge el momento de descubrir el nombre de la Reina, fotografía publicada en el periódico “Vida Manchega”

La calle María Cristina es una calle corta en pleno centro de Ciudad Real, que une la Plaza Mayor con la calle Toledo y Calatrava. A lo largo de su historia ha tenido diferentes nombres como Correría o Correhería, Boticas y Mercado Nuevo.

El actual nombre de “María Cristina”, lo acordó el ayuntamiento el 27 de febrero de 1929, a la muerte de la Reina María Cristina de Habsburgo, segunda esposa de Alfonso XII. Al proclamarse la II República, el 20 de abril de 1931, recibió el nombre del fundador del Partido Socialista “Pablo Iglesias”, volviendo a su antigua denominación de “María Cristina”, al término de la Guerra Civil Española.

Vista de la calle María Cristina en los años treinta del pasado siglo XX, cuando recibió el nombre de Pablo Iglesias

domingo, 15 de abril de 2018

LA IMAGEN SENTADA DE SANTA TERESA, RECORRIÓ AYER MALAGÓN CON MOTIVO DEL 450 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DEL CONVENTO DE SAN JOSÉ



El éxtasis de Santa Teresa está considerada una de las obras maestras de la escultura del alto barroco romano. Retrata la imagen de Santa Teresa de Ávila durante el don místico de la transverberación que describe en su Libro de la Vida.


Lorenzo Bernini condensó el arrobamiento teresiano en una bellísima escultura. Si esa escultura hubiese estado en Malagón hoy el autor habría sido el pueblo de Malagón y la escultura en sí, la bella imagen de Santa Teresa Sentada que salió a procesionar por las calles de Malagón para celebrar el 450 Aniversario de la Fundación del Monasterio de San José.


Calles abarrotadas de fieles, la presencia del Sr. Obispo de la Diócesis de Ciudad Real, Don Gerardo Melgar, todos los sacerdotes de Malagón , la Diputada Nacional Carmen Quintanilla, el también Diputado y Concejal del Ayuntamiento de Malagón, José Alberto Martín Toledano, el alcalde de Malagón, Adrián Fernández Herguido y los Concejales de la Corporación Municipal, autoridades militares y un sinfín de personalidades de la vida Social y cultural de Malagón.


Ha sido un brillante colofón a unos días de fiestas que los malagoneros nunca olvidarán, atrás han quedado muchos actos y actividades con inauguraciones, conciertos, presentaciones de libros y un largo etcétera agradecimientos a nuestra Santa Teresa de Jesús.


Como era de esperar las calles estaban atestadas de vecinos y visitantes. Nadie se lo quiso perder y nadie se lo perdió, la acompañaron hasta el final, hasta que volvió a entrar a su clausura, a su celda. Para recordar durante mucho tiempo será la seguidilla que el grupo Larcurius le cantó frente a la recién estrenada puerta del Encuentro, que ya es un clásico imprescindible entre los malagoneros.


Lágrimas, emoción contenida y alegría porque ya sabemos del dicho “Tristeza y Melancolía no las quiero en casa mía” Hasta pronto Teresa de Cepeda y Ahumada y por supuesto ¡Viva Santa Teresa!