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lunes, 20 de julio de 2015

EL CRISTO DEL MURO Y UNA VIEJA LEYENDA CIUDADREALEÑA


Restos de la desaparecida muralla de Ciudad Real a principios del siglo XX. La fotografía de Julián Alonso está tomada de la muralla contigua a la Puerta de Toledo

Junto a la desaparecida muralla de Ciudad Real y más concretamente junto a la Puerta de Granada, se levantó la ermita del Santo Cristo del muro, cuyos restos pervivieron a lo largo de los siglos hasta que fueron demolidos en la segunda década del siglo XX.

Según nos dice D. Julián Alonso Rodríguez, el que fuera Cronista de Ciudad Real, en un artículo publicado en el diario “Lanza” el 20 de marzo de 1951. “En los lejanos tiempos –que la tradición remonta al año 70 de la fundación de Villa Real-  “el general Albarrana” defendía las murallas. En la parte más recia de ellas; frente al vecino y hostil, campo calatravo; en la torre cercana al portillo de Ciruela, tenia Albarrana, su mansión y estancia. Mandó traer a la reciente Villa del Rey – y bien custodiado por cierto- lo que en la iglesia de la arruinada Alarcos quedara. La Virgen quedose allá, pero, entre lo que trajeron, vino una imagen de Cristo en la Cruz. Para Él, hizo Albarrana, una capilla en la muralla.

La injuria de los siglos arruinaban las murallas, abandonadas ya, sin misión defensiva, y “en ese caso un Párroco celoso, de San Pedro teniendo presente la tradición antiquísima del Santísimo Cristo mandó llevarle y colocarle en la Iglesia Parroquial y, para memoria, dejaron en la ermitica pequeña del muro, pintada en la tapia, la imagen S. S. Cristo que hoy” –primer tercio del siglo XIX – “le llaman el Santo Cristo del Muro”.

Sobre la imagen del Cristo del Muro no hay muchos datos históricos, solo he encontrado alguna referencia. Sabemos que cerca de esta ermita se ajusticiaba a los condenados a partir de 1835. Así nos informa D. José Jimeno Coronado, en un trabajo publicado en el cuaderno número 38 del Instituto de Estudios manchegos, que lleva como título “Dos Hermandades de signo contrario. Ejecuciones Capitales en Ciudad Real”, cuando dice: “La justicia ordinaria ejecutaba a los condenados, en casos que creemos más sonados, en la plaza pública por garrote o ahorcamiento; en los demás,  por disparo de arcabuz o  fusil, extramuros, en el Pozo de las Nieves junto a la Puerta de Santa María, y después de  1835 a la salida de la Puerta de Granada, en la Corredera junto al camino de Miguelturra, en  el Santo Cristo del Muro”.

La destruida imagen gótica del Santísimo Cristo del Perdón y de las Aguas que recibía culto en la Parroquia de San Pedro

También Francisco Pérez Fernández, “Antón de Villarreal”, en su efeméride manchega publicada en el diario “Lanza” el 27 de diciembre de 1975, en la cual habla sobre “Sucesos y Sucesos en el siglo XIX” en Ciudad Real, nos dice que: “ 1852- El 29 de julio al anochecer se encontraron un segador muerto en la capilla que fue del Cristo del Muro a la izquierda de la Puerta de Granada”.

En el año 1913 aun se conservaban restos de esta pequeña ermita de la muralla, porque el periódico “El Pueblo Manchego” en su número 618 del 28 de enero de 1913, en la sección “DE LA VIDA LOCAL”, publica lo siguiente: “IMPRESIONES RÁPIDAS.- Junto a la puerta de Granada, junto a la murallas derruidas, evocadoras, heroicas  que son un trozo de nuestra historia, de nuestras luchas, de nuestra raza, hay un muro que se mantiene firme. En ese muro que tiene un hueco, hoy vacío, había la imagen legendaria de un Santísimo Cristo, llamado el Cristo del Muro.

En una noche lóbrega, oscura, inquietante, una luz mortecina de un farol ennegrecido, vigilaría la imagen venerada. La ciudad tranquila dormiría en silencio; las puertas estarían cerradas y un alazán montado por algún espía de los infieles quedaría inmóvil ante el poder de aquel Santo que guarda la ciudad.

Todo esto evoca, el lugar de la muralla derruida que ocupó el Cristo del Muro”. Años después este lienzo de muralla seria derruido y con el desapareció otro lugar histórico de nuestra ciudad.

 Restos de muralla en 1917. La fotografía esta publicada en la revista “Vida Manchega” y lleva el siguiente pie de foto: “FORTINES DERRUIDOS-LADO CALVARIO”

Junto a esta ermita se desarrollo la siguiente leyenda medieval, que nos cuenta D. Julián Alonso Rodríguez, en el artículo publicado en el diario “Lanza” que hice alusión al principio:

David regreso a Ciudad Real de su largo viaje, de lapidario mercader por tierras de Flandes, y había muerto Sara, la hermana bella y querida; de piel de alabastro; de ojos profundos, de azabache; de pelo de endrina; de alegría de salud.

David pensó enloquecer.

La “alcagüeta” mentirosa vieja, barbuda y mellada, de la calle de la Culebra, triplicó sus tercerías contándole amoríos de Sara y del apuesto don Martín, el rico; hechizos del cristiano, junto a la ermita de la muralla, y no sé que de bebedizos.

David, lo creyó. Pero el Cristo de la ermita sabía que los hechizos eran la Cruz, y los amoríos fueron amores y los bebedizos un frío, grande, que se metió en los huesos de Sara y la consumió.

Una noche, la llama de la lamparilla del Cristo, saco destellos, de acero, a un puñal. El guardián del Convento de San Francisco, que por allá pasaba, oyó un: “¡Cristo, perdónanos!”, y vio un cuerpo  desplomarse, y una sombra perderse, a la carrera, en la encrucijada de las calles lejanas.

Don Martin, había muerto. En adelante, al Cristo de aquella ermita le llamaron del Perdón.

No se volvió a saber de David.

Muchos años después, un mendigo vino a la ciudad; se cobijaba por las noches en las ruinas de la casa de David; comía la sopa del Convento franciscano; rezaba de rodillas y lloraba, todos los días, a la hora incierta del anochecer, ante el Santo Cristo del Perdón. Una vieja contaba: Tenía, el mendigo puntiaguda la barba blanca, como era la endina de David y como él, larga y afilada la nariz; sus ojos, mortecinos eran negros, profundos, misteriosos como los de Sara, la judía bella muerta de un frio, grande, que se metió en sus huesos y consumió su carne”.


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